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Mercado Victoria – Mahe

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Victoria es una ciudad tranquila y pequeña, con su Torre del reloj, con sus museos, su estación de autobuses, su templo hindú, su catedral, su jardín botánico, su cementerio y su mercado.

 

L’Etablissement, como se llamo hasta que cambio su nombre en honor a la que fuera reina de Inglaterra, es la capital de las Seychelles.

Su mercado se encuentra en……………., se encuentra en el centro junto a todos los sitios. Es un mercado curioso donde no hay gran oferta de productos y destacan los pescados, frutas y verduras.

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Mercado de Victoria

 

Es un lugar para conocer, como suelen ser los mercados, es el lugar donde se conoce la ciudad, sus gentes, su vida y sus costumbres.

Papayas, mangos, fruta del árbol del pan, piñas, el plátano gigante de St. Jacques, el aguacate, la fruta de la pasión. Los pescados son el alimento por excelencia de las islas; el red snaper – delicioso – el pez rey, el atún, la barracuda, el pez conejo, el cangrejo jirafa y un largo etcétera.

Entre las carnes destaca el murciélago de la fruta. Los primeros días llama la atención, al atardecer, esos murciélagos gigantes que surcan el cielo en busca de fruta para comer. Su carne es muy apreciada y según cuentan deliciosa – de sabor parecido al conejo – la preparan con curry.

Otra curiosidad de las islas es el consumo de huevos de aves marinas y extraordinariamente apreciados los huevos de golondrina de mar.

Dejo el mercado y voy en dirección al cementerio, al Bel Air Cementery.

En Seychelles hay una gran tradición y creencia en los seres del más allá, las apariciones y los fantasmas. Antiguos piratas y habitantes de las Islas cuyas almas permanecen entre los vivos, como la leyenda del gigante de Mahe – de casi 3 metros – que descansa en el cementerio de Bel Air, envenenado por temor a su tamaño, siendo muchos los que aseguran han odio sus pisadas y su respiración al atardecer.

Aparecido, la maquina del tiempo.es

Aparecido

Yo también tengo nuestra historia de fantasmas: Una tarde nos adentramos paseando en un bosque al suroeste de la Isla, lo único que había era vegetación, el vuelo de los murciélagos de la fruta y el sonido de la soledad. De pronto comenzamos a ver Totens esculpidos en viejas maderas y como caído del cielo se presento el hombre de la foto, con cierto grado de alcohol nos solicito que le hiciéramos una foto y se despidió. La verdad es que hicimos la foto más por precaución que por interés.

Cuando revele las fotos (están tomadas en papel y puedo prometer que no está manipulada) siempre me llamo la atención que la foto presentaba una profundidad inusual, el sujeto parecía como un recorte de Photoshop pegado sobre el paisaje.

¿Quizá la tradición sobre las apariciones sea algo más que literatura?

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