Canal la cocina del tiempo

Membrillo al vino tinto. Diario de un navegante V

Membrillo al vino tinto, la maquina del tiempo.es

Membrillo al vino tinto

Pelaba y cortaba los membrillos, los metía en una cacerola con agua y mientras esperaba, entre 10 y 15  minutos que cocieran a fuego medio, recordaba mi encuentro con el Navegante.

“Hace algo menos de un año que no tenía contacto con el navegante, nuestro último encuentro se saldo con una discusión acalorada sobre colonizaciones y conquistas. Yo cruzaba el parque con una bolsa de membrillos comprados en el mercado. Los membrillos se dan ahora y hay que aprovechar para prepararlos.

Mi visión de las conquistas es diferente a la suya. El navegante  a pesar de ser una persona con mundo, no solo justifica y ve razonables las conquistas sino que también las enardece, con una insensatez  extraordinariamente distinta a su lucidez habitual, y no es que yo considere que no sean gestas memorables, pero entiendo que a los conquistados se les arrebata su tierra y su dignidad.”

Ya estaban cocidos los membrillos, les quité parte del caldo de la cocción, que reservé,  y les añadí dos vasos de vino tintoazúcar (no pongo mucha, la medida viene a ser la de un vaso), canela en rama, 3 clavos y dejé reducir el vino unos 20 minutos a fuego lento. Cuando se iba quedando sin líquido iba añadiendo agua de su cocción.

La cantidad de líquido que queda finalmente  va  en gustos.  También el tiempo de cocción depende de gustos y lo mejor es ir pinchando los membrillos hasta que tengan la consistencia esperada. Yo preparo los membrillos en vino “muy-muy” a ojo.

Cuando vi al navegante me alegré muchísimo, en alguna ocasión pensé que podía haber tenido algún problema de salud, incluso me quedó el mal sabor de boca de pensar que la dichosa discusión fuese el ultimo recuerdo que de él me quedara. Su aspecto no ha cambiado nada, tampoco su indumentaria.

– ¡Hay por quien no pasan los años!, le dije, a la vez que apreté su mano.

– Así es, contesto.

¡Vaya!, pensé,  empezamos de nuevo con los misterios y las sentencias sugerente de este hombre enigmático.

– En tono jocoso, con el propósito de sacarle una sonrisa, le replique, ¡qué alegría verte!, después de tanto tiempo llegue a pensar que te habías muerto.

– Eso ya  no es posible, contesto. Estuve de viaje, si de viaje por el tiempo.

– No me digas que ahora me vas a relatar la novela de Wells?

– No, aunque tu incredulidad podría asemejarse a la de aquellos personajes a los que el viajero del tiempo explicaba su proyecto. Claro que tú incredulidad es razonable sí tratas de entender el viaje en el tiempo – montado en una maquina –  como un episodio novelesco, ¿pero si esa fase se alcanzara en un estado distinta a la vida?

–  ¿Qué estado, la muerte?

–  ¿Sí ese estado que tú conoces como muerte, ese estado inerte y frio, pudiera ser distinto a lo que tú piensas?

–  Mira – le dije – me tengo que ir que voy a preparar unos membrillos al vino (1). A veces me pones los pelos de punta.  ¿Te encontrare viajando en el tiempo?

–  Si, seguro – contestó – es una cuestión de tiempo o, tal vez, ya me has encontrado.

Reloj

Foto de David, 6 años.

(1) – Receta elaborada por Tere (La sopa gansa)

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