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La paradojica ley contra la morosidad

A nadie escapa que recortar el periodo de cobro a un cliente afecta de forma positiva en el control de su riesgo y su impacto en el caso de una insolvencia, por ejemplo, si un cliente me compra todos los meses 300.000 € y los cobros los realizo en 60 días en lugar de 90, en caso de insolvencia el riesgo máximo que tengo pasa de 900.000 € a 600.000 €, y esto es a grandes rasgos lo que pretende la ley contra la morosidad  en España.

Desde un punto de vista de optimización de costes financieros, en un modelo teórico no ocurre nada, recorto mi plazo de cobro pero igualmente lo hago con el de pago, eso sí, a priori, parece que la banca perderá volumen de negocio ya que esos 30-60- ó más días de financiación bancaria hasta producirse el cobro/pago se perderían.

Para una empresa seria y competente la ley contra la morosidad es una medida muy aplaudida, si muy aplaudida, hasta que se producen los daños colaterales:

–   Las empresas honrradas no solo lo parecen sino que lo son.

–   Y los golfos no solo lo son sino que además lo parecen.

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La empresa que tiene por costumbre cumplir la ley – y sus compromisos –  su ética les hace comportarse “como Dios manda”, pero la empresa que se comporta “como Dios no manda” ni cambian antes ni después de la ley contra la morosidad, sí pagaba mal antes ahora sigue igual, y por desgracia cada día hay mas empresas “como Dios no manda” y esto es así por la paradoja de la ley contra la morosidad, que es un proceso que a continuación detallo:

–   Yo soy una empresa seria y como tal adapto mis periodos de pago a la legalidad.

–    Muchos de mis clientes son serios, como yo, pero otros muchos siguen con su  hábito de financiarse inmoralmente/ilegalmente  de sus proveedores.

–    Mi empresa y otras empresas serias  perciben un desfase financiero, motivado por el diferencial de plazo entre cobros y pagos,  y ante la falta de liquidez del sistema financiero que quiere seguir ganado dinero sin asumir riesgos, nos vemos obligados de forma unilateral a cambiar nuestro modo de pago, imponiendo la transferencia:

o   He  eliminado formas de pagos que supongan un compromiso de fecha (confirming, pagare,etc….) y emitiré transferencias al vencimiento, así me aseguro que la banca no percibirá un quebranto financiero que en estos momentos seria critico.

o   Eso sí pagare en fecha  si he conseguido cobrar a mis clientes según marca la ley, sino ha sido así, no podre emitir las esperadas transferencias, ni tampoco me podre financiar haciendo líquidos derechos formales de cobros porque mis clientes serios han tomado la misma media que yo y me pagaran mediante transferencia el día del vencimiento sí, a su vez,  han cobrado de sus clientes.

–  Finalmente me veo obligado comenzar  demorar mis pagos hasta llevarlos al punto donde los tenía antes de la aplicación de la ley contra la morosidad, consiguiendo, la aplicación de la ley,  el efecto contrario al esperado: “Un cliente que cumplió sus compromisos durante muchísimos años, ahora los incumple y se queda fuera de la ley”.

Finalmente como conclusión debo apuntar que la ley contra la morosidad no es un error, ni mucho menos, es un acierto pero siempre y cuando se hubiera puesto en vigor cuando el sistema hubiese tenido la liquidez necesaria para absorber los desfases que, obviamente, se sabía que se iban a producir.

En definitiva una nueva cagada legislativa. Como dijo mi sobrino cuando le pregunte sobre el cambio de polaridad en la tierra:  ¡Sí, que vas a cagar y te va a caer encima!

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