Canal la cocina del tiempo

Brecol con Salsa – El espantapájaros

Oí un escandaloso ruido y con cuidado escuche …

Vivía  una vez, hace mucho tiempo – al sur de Turquía – un hortelano y un espantapájaros.  Habían sido compañeros mucho tiempo, ambos habían envejecido juntos pero el espantapájaros ya era muy viejo y había perdido el respeto de los pájaros.

Espantapajaros, la maquina del tiempo.es

Espantapajaros

Su aspecto era sucio, sus manos eran unos manojos de paja, los cabellos de heno se habían quebrado, la vieja camisa y el pantalón que un día fueran del hortelano estaban hechos tiras y el palo que lo sujetaba al suelo estaba podrido por la humedad.

Los pájaros  paseaban con desparpajos entre las plantas de brécol, los ajos, las cebollas y las viñas que él cuidaba. Se posaban en sus brazos en cruz. Las musarañas roían el palo que lo sujetaba al suelo y su dueño se distanciaba de él.

Se dio cuenta que se acababan sus días, vio al hortelano con ropa y un sombrero nuevo pero a él no le había puesto las ropas y el sobrero viejo como otras veces.  Había plantado las semillas de la próxima cosecha detrás de la casa y aun no le había trasladado.

Tan desolado estaba que un último intento de agradar a su dueño pidió consejo a los pájaros y a las hortalizas que siempre le habían acompañado.

Una vieja viña, que de sus uvas solo se obtenía vinagre, le dijo “pensemos entre todos una  receta que agrade tanto al hortelano que te permita seguir aquí”.

Todos quisieron aportar algo de ellos para el viejo espantapájaros:

Brecol en salsa, la maquina del tiempo.es

Brecol en salsa

–          Los gorriones pensaron en unas rodajas de pan que una vez fritas en acetite de oliva se retirarían y se dejarían aparte para añadir los demás ingredientes.

–          Los ajos aportaban 3 de sus dientes, que se freirían sobre el mismo aceite y se dejarían junto al pan frito para hacer una salsa.

–          En un mortero se prepararía una miga con los picatostes, los ajos fritos, algo de pimienta blanca y un poco de vinagre de las uvas de la vieja viña.

–          Las cebollas podrían una cuarta parte de una de ellas partida en juliana que junto con unos trozos de brécol se rehogarían, durante un rato,  sobre el aceite del frito de pan y ajos.

–          Cuando estuviera rehogado se añadiría la miga de pan que se preparo en el mortero, se pondría un poco de sal y agua si fuese necesario y se subiría el fuego para que tomase color y consistencia.

Todos quedaron convencidos de su éxito y se prepararon para trasmitir la receta al hortelano.

A la mañana siguiente el hortelano estaba cultivando la hortaliza y sobre su cabeza sobrevolaban los gorriones con gran alboroto y alegría contándole como preparar aquella receta. Las cebollas, ajos, los brécoles y la viña se desgañitaban contándole como cocinar un nuevo plato,  pero ante aquel escándalo el hortelano pensó que el espantapájaros ya no servía para nada y le dio un golpe en su pie de madera tirándolo al suelo para siempre y marchándose luego a almorzar la misma comida de todos los días.

… dos gorriones, con gran revuelo y los ojos vidriosos,  llorando en mi ventana,  contando esta vieja historia que desde aquel dia repetían sin que nadie les escuchase.

Fui a la cocina y con gran cariño prepare la receta del viejo espantapájaros.

(*)Cuento original de Moisés C., sobre una receta original de mi madre.

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